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MARÍA OLARTE

EL DES-ATASCADOR EMOCIONAL

Bienvenidos a mi blog:

Estoy ilusionada por abrir este espacio de opiniones y comentarios.

Si miramos al diccionario  nos dice que atascarse significa Detenerse alguien en lo que está haciendo o diciendo debido a algún obstáculo o dificultad que le impide seguir.  

Creo que una de las palabras que mas escucho en mi trabajo es: estoy atascada y no sé cómo continuar.

Es por ellos y para ellos que comienzo este blog y lo he querido titular   “el des-atascador emocional “.

Este espacio no pretende ser un lugar de conocimiento, de recetas ni de vacunas mágicas y maravillosas que nos cambien la vida.

No me creo que ningún libro nos cambie la vida. No me creo que  los que nos dedicamos a trabajar con personas, en formación en coaching, seamos expertos de nada.

MARÍA OLARTE

Soy Maria Olarte y me gusta contar historias.

Soy una persona a la que le encanta aprender de personas.

En mi profesión he trabajado con personas durante casi 20 años ( Dios que vieja soy ya¡¡) he compartido tantas experiencias ( y todas las que me quedan)  que se merecen mi respeto y gratitud .

CUANDO LA VIDA COMIENZA CAPITULO 3: ELIAS

ELIAS (2)-Queda usted detenido

Se me heló la sangre, se me  colapsó el cerebro, se me paralizaron los músculos.

La miré, no me podía creer lo que me estaba haciendo.

No me lo podía creer.

Sus ojos negros, esos que antaño me miraban con adoración habían cambiado. Eran enormes, como siempre, eran negros azabaches como siempre, envueltos en sus largas y tupidas pestañas, como siempre. No sé qué era, pero algo ha cambiado.

Ahí estaba, en la cama de hospital, donde estaba por su culpa, por su arrogancia, por presionarme, por no saber entenderme.

Y me había denunciado.

¡A mi ¡

Mi cabeza no respondía. Quería decir que esto era un atropello, una equivocación.

Quería hablar con ella en privado. Tenía derecho, era mi mujer.

Pero mi lengua no respondía, no obedecía al grito de mi cerebro: ¡defiéndete¡¡ Di algo ¡no seas memo¡. Si me viera mi padre………

Sin saber cómo me veo delante de un juicio rápido donde una juez (perdón, jueza) me lee un informe médico y me reprocha mi conducta, como si yo fuera un niño pequeño.

Me mira con rencor, es imposible que sea justa conmigo. Imposible que quiera escuchar mis razones. Solo le interesa meter a otro hombre en la cárcel.

Mi abogado me dice que no me preocupe, que pondrán una fianza, se paga y listo.

Pero no las tengo todas conmigo. La tía esta me tiene ganas. Dale poder a quien no sabe utilizarlo y te encontrarás con jueces incapaces de discernir lo correcto de lo incorrecto.

-las lesiones que ha infligido a su mujer son muy graves. Los médicos confirman además que tiene lesiones antiguas en brazo, pómulo y costillas.

-no, si ahora voy a tener la culpa hasta de una caída en bici que se hizo de cría.

-¿disculpe? ¿Ha dicho algo?

-nada señoría, disculpe a mi cliente. Entendemos que este juicio es sobre un caso aislado ya que mi defendido nunca ha sido acusado de nada y es un hombre de una familia muy respetada de Madrid.

-disculpe abogado, el apellido de su defendido no tiene aquí ningún valor.

-por supuesto señoría, quería solo constatar que mi defendido no tiene ningún delito ni ha recibido anteriormente ninguna denuncia.

El entiende que lo que ha hecho está mal y que por supuesto se arrepiente enormemente.

-Tengo suficiente con este suceso como para enviarle directo a la cárcel sin fianza a la espera de juicio.

– ¿qué? ¿Qué ha dicho?

-lo siento Elías, no me ha dado tregua. Esta el tema de los malos tratos muy candente.

-yo no soy un maltratador, por favor, ¡qué exageración! Di algo.

Mis padres están en la sala, no quiero mirarlos, ellos ya me avisaron que la colombiana no era trigo limpio.

No quise escucharlos, me dejé engañar, la defendí ante el mundo, y ahora me lo paga asi.

Nunca nadie me había traicionado de esta forma.

-se levanta la sesión.

Me llevan a una celda provisional. Quiero salir de aquí. Estoy sudando, necesito una ducha y cambiarme de ropa. No puedo ver a mis padres con este aspecto.

-hijo, cariño, ¿qué te ha hecho esa mujer? ¿Como es posible?

-hola mama, no lo sé, se ha vuelto loca.

-pero hijo, ¿tú le has pegado?

-mama no quiero hablar de ello y me conoces bien, sabes que soy una buena persona, pero todo el mundo tiene un límite.

-tranquilo cariño, te entiendo, tranquilo que te sacaremos de aquí.

-mama necesito salir hoy, yo no puedo dormir en la cárcel sabes que yo no valgo, me hundiré, no puedo. ¿Y dónde está papa?

-se ha quedado fuera. Esta disgustado entiéndelo. Hace mucho que te había avisado que no era buena persona. Y ahora esto, cariño. ¡Qué vergüenza¡¡¡ dios mío¡qué vergüenza¡¡

-señora, se acabó el tiempo.

-mama por favor, sácame de aquí y dile a papa que lo siento, siento esta situación tan lamentable y siento no haberle hecho caso en su momento.

Me quedo solo, con mis pensamientos. No puedo dejar de ver sus ojos. Alguien le había comido el coco. Ella no era asi, ella no podía hacerle eso.

Me acurruco en un camastro digno de un pordiosero. ¡Dios mío¡¡ ¿en qué me ha convertido?

¿Cómo he podido dejar que me arruine la vida de esta forma?

Ella era buena, ella me quería…

Eran las diez de la noche y habíamos quedado para cenar en el Vela, el restaurante más de moda de la ciudad. Mis amigos de la universidad eran tipos que sabían pasárselo bien.

Estábamos en último curso de Economía y teníamos toda la vida por delante. Una buena vida.

Nacer en una buena familia, con unos padres con valores y principios claros, donde la educación ocupaba un lugar muy privilegiado era sin duda una gran fortuna. Sin embargo, no era una vida fácil, mi padre me exigía mucho, pero yo sabía que si me esforzaba podría tener una vida llena de éxitos en todos los sentidos.

Mi padre siempre me decía: Elías, no te salgas de la senda, vete por el camino recto y todo lo que quieras lo conseguirás.

Y me torcí, cuando la conocí, me torcí.

No sé qué me pasó, nunca he sido enamorado, pero me atrapó con sus ojos negros.

Estábamos terminando de cenar y nos ofrecieron un licor de postre. Mi amigo Luis me dijo:

-buen culo tiene la camarera ¿eh?’

Me giré y la vi. Justo se había dado la vuelta, creo que escucho a Luis.

Le pedí disculpas con la mirada y sus ojos negros se relajaron.

Fue la primera vez que conectamos.

Nunca entendí porque tuvo que ser ella. No era especialmente guapa, no tenía un cuerpo escultural. Pero algo cambio dentro de mí.

Terminamos la cena y me dirigí al lavabo.

-¿ha estado todo a su gusto señor?

-ha sido excelente, como siempre. Pero a usted no la vi antes.

– es mi primera semana de trabajo, recién acabo de llegar de mi país.

-¿de dónde es usted?

-de Colombia señor. He venido a hacer un curso de especialización y los fines de semana trabajo.

-¿cómo te llamas?

-Amalia

-encantado de conocerle Amalia, yo me llamo Elías.

Muchas veces recordé ese día, ese fatídico día que mi amigo me hizo girar la cabeza y que ella me preguntó al ir al lavabo.

Sino hubieran pasado esos dos pequeños momentos, mi vida no se hubiera torcido.

Caí en un ciclón. No podía pensar en otra cosa. La iba a buscar al trabajo, la invitaba a comer un bocadillo rápido antes de su turno, la veía servir otras mesas y como de soslayo me sonreía.

Por las noches me dormía pensando en ella, en sus charlas, en los sueños que tenía. Y me dormía imaginándome que yo estaba también allí, em sus sueños de ahora y siempre.

Me enamoré perdidamente y me perdí.

Ella me hizo pensar que yo era el hombre de su vida, que me quería, me idolatraba, admiraba mi cultura y mi afición por el arte y las piezas bellas. Aprendía conmigo, aprendía de mí.

Yo le hice ser la mujer culta y le introduje en mi circulo.

Las novias y mujeres de mis amigos, todas españolas, la miraban con recelo pero poco a poco conseguí que la conocieran y la quisieran.

Con mis padres fue diferente. Ellos nunca me perdonaron que me hubiera salido del camino que ellos con tanto esfuerzo habían trazado para mí.

Mi madre siempre fue cariñosa, siempre me protegió. Su único y ansiado hijo varón tras dos hijas.

Mi padre esperaba mucho de mí. Era su descendiente directo en sus negocios inmobiliarios.

En el coche, camino a la iglesia, el día de mi boda, mi corazón se me salía del pecho. El cielo amenazaba lluvia y hacia frio. Era abril y la primavera no había entrado en Madrid.

-hijo, estas a tiempo.

Desperté de mi ensimismamiento

– ¿qué quieres decir papa?

-me da igual lo que digan los amigos, yo lo arreglaré, pero démonos la vuelta. Vas a arruinar tu vida.

Le mire a los ojos. Hablaba en serio.

-estoy enamorado de una gran mujer y me voy a casar.

Me casé, dije sí quiero. Sin embargo, una sensación extraña me acompaño en ese momento.

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Comenzamos nuestra vida juntos. Mi padre me dejó claro que no contaba conmigo para ser su sucesor.

No me importaba. Solo quería estar con ella y sentir su apoyo.

Amalia pronto encontró trabajo en una multinacional.

Mientras, yo ponía en marcha mi empresa de componentes electrónicos con mi amigo Luis. El se ocupaba de las acciones comerciales y yo llevaba la parte financiera.

Llegue un día al despacho y Luis me estaba esperando.

_Elías tenemos que hablar. ¿Recuerdas el pedido que te dije que había firmado con los alemanes?

-claro, como para olvidarlo, es EL PEDIDO.

-se han echado atrás.

No puede ser Luis, lo cerré con ellos. Me dijeron que estaba todo ok.

-No hay nada que hacer, me han dejado claro que se han decantado por otro proyecto. Sabes que era un concurso y estas cosas pasan.

-Luis, necesitamos ese proyecto. Estamos sin blanca.

-No puede ser, no podemos estar sin blanca, entro ayer otro pedido. ¿Cómo no me has dicho nada antes?

Estoy harto Elías, no puedo más, me largo. Tengo una oportunidad para enfocar mi profesión hacia otro punto y creo que es el momento.

-pero, ¿y las deudas?

-no sé Elías, tu eres el que llevas esas cosas, eres el administrador único y tú debes saber qué hacer. Yo llevo la parte comercial.

Llegué a casa reventado. Sabía que era el fin de la empresa.

Nos fundimos todos los ahorros para liquidar la empresa. Y ella me apoyó.

No tenía suerte con los negocios. Mientras veía a amigos hacerse de oro con empresas yo fracasaba de nuevo con la apertura del restaurante.

Necesitaba despejarme. Cambiar de aires. Colombia era el sitio. Nada me ata aquí. Allí seguro que las cosas me iban a funcionar.

Estaba convencido y seguro que la convencía a ella, como otras veces.

-Amalia, llevas mucho tiempo queriendo ir a tu país. ¿Por qué no vamos este verano?

– ¿en serio?? Me encantaría. Pensé que no querías ir.

Organizamos el viaje, estuvimos allí mejor que hace años. Me sentía tan bien. Volvía a tener esperanza. Sabía que en Colombia todo iba a cambiar.

Le propuse volver a su país, que tanto amaba, comenzar una nueva vida allí.

Pero no quiso. Volvió a hacerlo. Ella sabía lo que iba a pasar y aun asi lo hizo.

-no me voy a ir a Colombia. No quiero más negocios. Quiero quedarme en Madrid y seguir aquí con mi vida.

La tensión, ese punto que aparece en el centro de mi frente, noto como corre la sangre por mis sienes y se acumula en ese punto. Para cuando me quiero dar cuenta ella está en el suelo. La odio con todas mis fuerzas. Es la causante de todos mis males. Me mira con cara de idiota. No la soporto. Verle a ella es ver mi vida fracasada, fuera del camino recto, metido en el fango.

Por mi cabeza pasa mi vida en un instante. Y no puedo soportarlo.

Se quiere levantar, pero es torpe y cae otra vez.

 Sabía lo que iba a pasar. Ella me provocó, hirió mi orgullo como nunca nadie lo había hecho.

-pero, ¿tú? ¡Desgraciada! ¿Qué te has creído? ¿¿Eh??

– ¿Piensas de verdad que puedes decidir sobre esta familia? Tú no eres nadie sin mí.

-Harás lo que te diga yo e iremos a tu país. Esta decidido y no hay más que hablar.

-Eres lo peor que me ha podido pasar en la vida. Sin ti yo tendría lo que me merezco, pero tú me lo has quitado todo.

No respondía, estaba en el suelo con la cara tapada.

Le cogí de la barbilla y le obligué a que me mirara, a que entendiera quien manda.

Se lo buscó.

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-Tienes visita

Estoy hecho polvo, no he dormido nada, me siento sucio. Han pasado 15 horas desde que me metieron en este lugar.

Miro en la sala y le veo. Me paralizo, creo que voy a tartamudear como cuando era pequeño.

-hola papa

-hola Elías.

-Voy a recuperar mi lugar en mi familia papa, te lo prometo.

Se inclina en la mesa, casi me toca con un dedo el brazo. Noto su aliento y me quedo quieto. Estoy a punto de llorar. La vergüenza me sacude doblándome la espalda, bajando la barbilla. Soy incapaz de mirarle a los ojos. Conozco esa mirada, sé lo que está pensando.

Se incorpora levemente y me escupe cada una de sus palabras:

-no sé qué he podido hacer tan mal como para crear un ser como tú. Eres lo menos parecido a un hombre que he visto en mi vida.

Arrastraba las palabras, salían despacio una a una, poco a poco, ejerciendo un dolor enorme en mi interior.

-tus hijas llevan nuestro apellido y no quiero que sea arrastrado por el fango. Yo arreglare las cosas ya que tu no has sabido. A partir de ahora, me harás caso y conseguiré que las niñas sean educadas por nuestra familia.

-Gracias papa, si te hubiera hecho caso nada de esto hubiera pasado.

-yo nunca he tenido que tocar a tu madre para que supiera su lugar. Tu no has sabido mantener el orden en tu casa, se te han subido a las barbas y la has jodido bien.

Se levantó y me clavó la mirada. Sabía que no había retorno. Nuestra relación se había roto para siempre.

Le vi marcharse. Andaba recto, con paso firme, en la dirección correcta. Ojalá yo hubiera heredado su fuerza. Ojalá le hubiera hecho caso.

Me levanté y me dirigí a la puerta donde me esperaban para ir a la celda. Un cristal me devolvió mi imagen. Era un ser acabado.

Me acosté y cerré los ojos. Me imagine yéndome, abandonando este mundo que me odiaba, liberándome de tanto dolor.

Miro mi mano, observo la señal que la alianza ha dejado en mi dedo.

De repente veo sus ojos. Vuelvo a concentrarme en el momento del arresto y todo cobra un sentido claro: me estaba retando, me estaba haciendo frente. Casi puedo notar cómo se alegra de verme asi, hundido y rebajado, humillado y derrotado. Casi puedo sentir su sonrisa.

Aprieto la mandíbula y noto la tensión en la frente. Si la tuviera delante……

Me levanté de la cama y lo vi claro.

Demostraría al mundo que nunca más una mujer me iba a destrozar la vida.

No tenía nada que perder. Demostraría a mi padre que sí era un hombre.

Me vuelvo a la cama. Cierro los ojos. Me siento mejor. Ahora sé lo que tengo que hacer.

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Cuando la vida comienza. Capitulo 2: Carla y Manuela

Capitulo 2: Carla y MANUELA

CARLA

NOs vamos a Colombia

Por fin!!!!!!!

Tenía tantas ganas de conocer a mi familia de allí que no me importaba el viaje tan largo ni la pesada de mi hermana dándome la murga para jugar con ella.

Miraba a mi madre de reojo. Estaba feliz, radiante, emocionada.

¿Y mi padre? El como siempre: quejándose de que el avión era pequeño, de que teníamos que haber ido en Business…..

Dormí de un tirón y me desperté cuando estábamos aterrizando.

Un taxi nos llevó a una casa preciosa de alguien de la familia.

Hacia calor, se te pegaba la ropa, era todo tan diferente..

-mira Carla, allí estudie la carrera de Derecho.

– es muy bonita mami. Y ¿por qué viniste a España?

Mi madre bajo la mirada, pareció irse a otro lugar, a otro momento.

– Mis padres se esforzaron mucho por darnos educación y que tuviéramos oportunidades para tener una buena vida.

Cuando terminé conseguí una beca y con ayuda de mis padres me vine a España a especializarme. Aquí es mas difícil la vida y quería vivir sin miedo, pudiendo pasear por las calles sintiéndome segura. Por eso vine a España.

– y en España se te pasó el miedo?

Sus grandes ojos negros se volvieron hacia mí y recordé esa mirada.

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Era muy pequeña la primera vez que me miró así.

Me dolía la tripa, demasiada pizza bacon crispy para cenar.

Los viernes me encantaban.

Después de gimnasia y parque me tocaba elegir la cena.

Mi padre me dijo un día que, si yo obedecía, me quedaba calladita y no hacía preguntas… los viernes yo elegía la cena.

¿Hay algo más guay en esta vida que ser la jefa de la familia un día?

Estaba dormida y me desperté.

Mil pinchos corrían por mis tripas.

Casi no podía moverme. Los retortijones me sacudían de lo lindo. Ya me dijo mama que no comiera tanta pizza.

Como pude me fui al baño.

No encendí la luz, no fuera que Ela se despertará.

Estaba sentada esperando a ver si mis tripas se calmaban.

Mientras me entretenía haciendo círculos en el aire imitando el dibujo de la baldosa del baño oí un ruido fuerte.

Me asusté y me levanté corriendo.

Algo sentí. Decidí gatear por el pasillo hacia la habitación de mis padres.

Tenían la luz pequeña encendida.

Mamá estaba sentada en el suelo con las manos en la cara. No entendía por que no estaba en la cama con lo frio que estaba el suelo.

Pensé que se había caído algo y que se había asustado.

Me quedé muy quieta con las piernas encogidas, escuchando. No quería que me vieran y no conseguía moverme, la tripa me estaba haciendo polvo.

Entonces le vi. Mi padre estaba en el otro lado de la cama, fumando. Tenía la mirada rara, daba mucho miedo. Parecía tan enfadado como un día que le dieron un golpe en el coche y salió gritando mientras nosotras estábamos en nuestras sillitas.

Mamá se quitó las manos de la cara. Tenía el labio hinchado y le salía sangre. Yo quería ir a cuidarla, pero no podía moverme, estaba como congelada. Me vió y me hizo señales para que me fuera a mi cuarto, mientras las lágrimas asomaban por sus preciosos ojos negros.

Siempre me han gustado los ojos negros de mi madre. Son enormes, redondos y sus cejas anchas le daban una imagen de actriz de cine. Quizás no era la mujer mas guapa del mundo, pero sus ojos sin duda eran de exposición. Ese día los tenia tristes, llorosos y su barbilla miraba al suelo.

No quería irme y le negué a mi madre con la cabeza. No entendía nada, pensé que papa cuidaba de mama y mama cuidaba de papa.

De repente mi padre se giró rápidamente:

-¿Qué haces ahí? .No vayas ahora de victima que no te he hecho nada.

-Levántate te digo.

Mi madre me miraba, cada vez mas nerviosa, cada vez más encogída.

-¡metete en la cama, joder! y no montes una escena. Tu capacidad para sacarme de quicio no tiene límites. Te dije que te callaras, que te callaras, que te callaras… y tu seguías tocándome los cojones. ¿Tanto te cuesta callarte cuando te lo digo?

Ella se metió en la cama sin dejar de mirarme, quizás de suplicarme desde sus preciosos ojos negros que borrara lo que estaba viendo, que olvidara lo que estaba escuchando, que volviera a ser la niña inocente y maravillosa que era antes de aquella noche.

Porque luego todo cambio para mí. Ya no quería ser la jefa de la familia, ya no quería los regalos de mi padre, ni siquiera sus besos. Quería que se muriera. Había hecho daño a mi madre y no necesitaba ser mayor para saber que eso estaba mal, muy mal.

Al día siguiente mi madre estaba enferma, según dijo mi padre. Quise ir a decirle adiós, a ver cómo estaba, pero me paro en la puerta:

-Tu madre esta dormida, no la molestes, vete al autobús ya, tu abuela te espera.

Ese mismo día me puse enferma, comencé a vomitar y sentirme mal. Mi padre fue a buscarme al cole.

Me pasé varios días en cama. Vomitaba y me costaba mucho comer.

No podía quitarme la imagen de mi cabeza. Cada vez que me llegaba la imagen de mi padre fumando en la cama mis tripas se aceleraban y volví a vomitar.

Mi madre sabía lo que me pasaba, y yo sabía lo que le pasaba a ella. Pero decidimos no hablar nunca de ello, quizás yo me sentía demasiado culpable por no haberla ayudado. Quizás mi madre se sentía demasiado confusa como para explicarme qué pasaba.

Tenía seis años cuando pasó. Tengo casi 10 y mi recuerdo es claro, quizás porque sé que no fue la última.

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Me he enamorado de Colombia, me encanta ser medió colombiana. Hacia mucho tiempo que no veía a mi madre y a mi padre tan bien. Estaba súper feliz hasta que…..

Todo ha cambiado está mañana. Mamá se había ido pronto y mi padre estaba imposible.

Mientras estaba desayunando le han llamado por teléfono.

– mamá está en el hospital, ha tenido un accidente.

Mi pecho volvía a oprimirme y las náuseas me avisaban que algo malo y conocido estaba pasando. Desde que tenía 6 años habían sido muchos los dolores de tripas, los vómitos y visitas al médico sin diagnostico claro.

Cuando hemos llegado mi madre le ha pedido a su amiga Eugenia que nos lleve a comer un helado. Papa no quería.

Le he agarrado la mano a Ela y he salido de la habitación.

Mi madre me había hecho su señal, la que las dos conocíamos, nuestra mirada secreta.

Esa que decía: ¡vete!, ¡huye! ¡protégete!

Aquella misma señal que me hizo cuando tenía solo 6 años.

Pero esta vez su mirada era fuerte, su barbilla estaba alta, no miraba al suelo.

Mi madre parecía decirme: Esta vez sí Carla, esta vez todo se va a arreglar.

Las náuseas desaparecieron y una sensación nueva me ayudo a tomar aire. Miré a Ela, miré a Eugenia. Miré mi corta vida y pensé que quizás, a partir de ahora las cosas iban a ser diferentes.

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MANUELA ( ELA para los conocidos)

-Ya voy!!!

Bufffff!! Tengo tanto Sueño!!!

Desde que volvimos de Colombia me cuesta una eternidad despertarme.

Me quedaría todo el día en la cama!!!!

-ELA, levántate ahora mismo o te levanto yo!!

Voy a la cocina. Carla está llorando y mi padre recogiendo las cosas.

– ¿que pasa?

– mami ha tenido un accidente y está en el hospital. Te ayudo a vestirte y nos vamos a verla.

Agarré mi peluche y apreté los morros. No quería llorar, no quería ser una llorica.

Papa odiaba cuando lloraba y se enfadaba mucho. No quería llorar.

Carla me ayudó a vestirme.

Es la mejor hermana del mundo. No sé qué haría sin ella.

– Carla, ¿ quéle ha pasado a mamá?

– no lo sé cariño por eso tenemos que ir al hospital a verla. Tu estate a mi lado y obedéceme en todo vale? Ela, prométemelo, no hagas enfadar a papá. Solo quiero ir con mamá y ver cómo está. ¿Te vas a portar bien?

– si Carla, te lo prometo. Te voy a hacer caso en todo. Yo tampoco quiero que papá se enfade. Ojalá estuviera contento, como aquel día..

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Como aquel dia que fuimos juntos a comprar unos rotuladores para el cole. Al entrar en la librería nos encontramos con una amiga suya muy simpática. Se le notaba que quería mucho a papi y papi estaba muy contento de verla. Nos fuimos los tres a comer a un restaurante que tenía una mesa entera llena de postres. Papa estaba super divertido y muy cariñoso.

Cuando nos fuimos, ella le dijo que se acordara de llevar el bañador.

_Ela, cariño ¿quieres que tú y yo tengamos una caja mágica?

-siiii. ¿Y qué vamos a meter en esa caja?

-nuestros secretos cariño, solo cositas que tu yo sabemos y que nadie más puede saber porque entonces se iría la magia y nos podría pasar algo malo.

-¿en serio?

-si cariño, yo una vez conté un secreto de la caja mágica que tenía con mi padre y estuve enfermo una semana. Imagínate. Nunca más conté un secreto de mi caja mágica.

-vale, pues yo no pienso nunca en la vida contar lo que metamos.

Nos fuimos a una tienda de regalos de mayores y me compró una caja super bonita. Tenía una tapa plateada y por dentro era rosa y azul.

-Mira Ela, funciona así, si yo abro la caja y te cuento algo, cuando baje la tapa nunca más podrás contarlo ¿vale?

-Vale papi

Abrió la caja y me dijo:

-papi está contento porque tiene que hacer un viaje muy importante este fin de semana para ayudar a la amiga tan simpática que has conocido, pero no queremos que nadie más se entere ¿vale?

-Hecho

Cerró la caja y allí se quedó para siempre nuestro secreto.

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Papa nos ha dicho que seguro que le curan los médicos.

Tengo ganas de verla. Me encanta mami, igual no es tan bonita como la amiga de papa, pero es muy dulce y cariñosa.

Casi no he podido verla porque nos hemos ido a por un helado, pero parecía que estaba más contenta.

Ojalá los médicos la curen para que papi esté contento y mami vuelva pronto a casa.

sorolla

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Capitulo 3: No me quitaras a mis hijas.

Cuando la vida comienza

Capítulo 1: Y por fin dije Adiós

El despertador no ha sonado.

Entra una leve luz entre las cortinas.

Me siento desorientada, me cuesta centrarme.

Me incorporo y noto un dolor punzante en las sienes.

De repente, una presión en la boca del estómago trae a mi cabeza la noche anterior.

Quiero volver a dormirme, no quiero recordar, no quiero saber, no quiero…

Noto que las sábanas se mueven. Esta ahí, acostado a mi lado, como si nada.

No me atrevo a moverme, me concentro en mi respiración para que salga suave y acompasada. No puede notar que estoy despierta.

Cierro fuerte los ojos y los puños. Mi madre, de pequeña me decía que cuando quisiera alejar un mal pensamiento cerrara fuerte los ojos y los puños y me centrara en echarlo de mi mente.

Pero ahora no funciona.

Querría tener la capacidad de teletransportarme, querría desaparecer.

Me centro en pensar qué día es y qué iba a pasar.

Lunes, septiembre, hoy comienza el cole de las niñas.

¡Dios mío, en 30 minutos tengo que levantarme, ducharme, hacer los desayunos, preparar meriendas!,… como si fuera un lunes cualquiera.

Me toco la cara y presiono mis pómulos, la frente, la parte alta de la cabeza. Parece que esta vez no hay señales. Algo menos en lo que pensar, las niñas no se darán cuenta.

De pronto, la imagen de toda la familia a primeros de agosto en el aeropuerto rumbo a Colombia se apodera de mí.

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Estaba feliz con ese viaje, por fin las niñas conocerían el lugar que me vio nacer.

Llevaba 10 años sin ir a Colombia y por fin podía volver.

Las niñas estaban felices y él también. Todo estaba perfecto.

Recordé como me monté en el avión  y rogué que todo se arreglara. Seguro que a partir de ahora todo iría bien y volvería aquel chico tierno y simpático del que me enamoré hace 15 años.

Me lo había prometido y yo le creí, necesitaba creer que todo iba a volver a ser como al principio.

Él tenia razón: los problemas en el trabajo y la enfermedad de la niña le habían puesto al límite y además yo no sabia como ayudarle.

Había probado todo: callarme cuando no estaba de acuerdo, decirle con sumo cariño y dulzura mi opinión, alabar cada idea que tuviera… pero al final algo volvía a pasar que se rompía todo..

Llegamos a Colombia con un tiempo magnifico y mi familia al completo a nuestra disposición para hacernos la estancia perfecta.

Mi hermana nos había prestado su casa a orillas del mar. Se le veía maravillado, me abrazó y me dijo: ¿por qué no hemos venido antes? Esto es increíble.

Yo estaba orgullosa de mostrar mi tierra a mis hijas y a mi marido, de enseñarles todo lo bueno que tiene y sobre todo de vivir un verano de cambio.

Mis amigos de la infanciase rindieron a sus encantos y pronto Elías fue el centro de atención: se mostraba simpático, incluso humorístico. Me hacia carantoñas y colaboraba en todo lo que se le pidiese.

Se hizo con el entorno enseguida. Me encantaba verle hablando de todo, dando su punto de vista sobre temas diversos, “realmente es un hombre muy cultivado”, pensaba.

A las dos semanas de estar allí tuvimos una fiesta en casa de unos amigos. Era una casa grande y confortable, con salida directa a un pequeño embarcadero. Ellos eran propietarios de unas tiendas de muebles y les iban muy bien. Se habían hecho conocidos por su gusto y su profesionalidad a la hora de ejecutar obras y decorar espacios.

Habían trabajado muy duro y sin lugar a dudas ahora la vida les sonreía.

Elías estaba asombrado. No se esperaba que mis amigos tuvieran éxito, les fuera bien profesionalmente y encima me quisieran tanto.

Nos despedimos a las 2 de la mañana, la canguro se iría en media hora y había que volver a cuidar a las niñas.

Hicimos el camino andando por la playa. La temperatura era cálida y la humedad te pegaba la ropa a la piel, pero no nos importaba.

Estaba rememorando las conversaciones cuando Elías me agarró de la cintura, me gira frente a él y me dijo: -¿por qué no nos venimos a vivir aquí?

Me dio un vuelco el corazón y salí de mi burbuja.

Me paré y le miré: -es imposible, toda nuestra vida está en Madrid .

-¿Qué vida? No tenemos nada que merezca la pena, ¿qué tenemos? -me dijo.

No daba crédito a lo que escuchaba.

-Tu familia, mi trabajo, tu trabajo, los amigos, colegios,…. ¿A qué te refieres conque no tenemos nada?.

-Yo ya no tengo trabajo., respondió mirando la arena.

-¿Qué quieres decir? ¿Cómo que no tienes trabajo? Me dijiste que iba todo bien.

-Pues te mentí, no quería preocuparte. La empresa esta en la quiebra y debemos mucho dinero al banco. La casa esta rehipotecada….

Cada palabra suya se clavaba en mi cuerpo como finas puntas de metal frio y duro.

No me salían las palabras, no podía ser verdad lo que estaba escuchando.

Hacia diez minutos era feliz y ahora no podía ni respirar.

Le miré y recordé nuestra última bronca, recordé sobre todo como acabé en el suelo de la cocina con el estómago hundido tras un certero rodillazo que me dobló por la mitad.

Aquel dia también había bebido, como hoy.

Decidí mantenerme en silencio.

Por fin llegamos a nuestra casa y como una niña bien educada sonreí, pagué y despedí a la canguro.

Fuí a dar un beso a las niñas. Me quedé un rato sentada entre las dos camitas. Carla tenía la nariz roja, siempre le pasaba el primer dia de sol. Manuela en cambio estaba ya morena era más trigueña, como yo.

Me metí en la cama, me acurruqué en postura fetal y me tomé la pastilla que tenia guardada para el vuelo de vuelta. Necesitaba dormir.

Al dia siguiente, en el desayuno, mientras las niñas seguían durmiendo le dije:

-¿En qué situación estamos?

-Nos van a embargar la casa en los próximas semanas sino pagamos la deuda.

-Pero si yo pago todos los meses la hipoteca. ¿O no?

-No, ese dinero iba para las deudas.

-Hemos tenido muy mala suerte no es culpa de nadie.

Nos quedaba una semana en Colombia. El me dijo que era una oportunidad increíble, que seguro que aquí él iba a triunfar, que yo podría buscar trabajo en cualquier parte porque era muy buena  que aquí íbamos a volver a ser felices, que nos merecíamos otra oportunidad, que confiara en el , que….

Algo ese día se rompió dentro de mí: ya no había mas oportunidades. Era la tercera vez que sus ideas brillantes nos metían en problemas económicos muy serios. Le había dicho que no estaba de acuerdo con su última apuesta por montar una empresa de productos electrónicos, que él no sabía de eso que no lo habían planificado,… pero no me hizo ningún caso.

 Ya no podía confiar en él y sus proyectos.

Le dije que necesitaba pensarlo, volver a España y ya veríamos.

Pero yo sabía que todo había terminado. Ya no había nada que salvar. Sus mentiras, sus embrollos su falta de autocrítica… ya no podía más.

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Y ayer fue el día. Procuré que no hubiera alcohol, que estuviéramos tranquilos, que las niñas durmieran.

Llegó a casa y se sentó a cenar. Parecía tranquilo y decidí sentarme a su lado:

-Elías, he decidido que no me voy a ir de España, que voy a seguir con mi trabajo y que las niñas van a seguir yendo al mismo cole con sus mismos amigos. He decidido además que quiero separarme, que no puedo aguantar mas tus…..ZASSSSS me pego tal puñetazo en las costillas que me hizo rodar por las escaleras abajo.

Ni siquiera sé en qué momento se giro para darme el golpe. Me levante como pude y huí de la cocina a refugiarme en el armario escobero. Pero no sirvió de nada. Me doblaba en tamaño y furia.

Me persiguió gritando que era una egoísta de mierda, que le había arruinado la vida que me merecía lo peor.

Siguió dándome patadas. Afortunadamente yo era una gran experta en cubrirme el rostro y en conseguir que los mayores goles fueran a parar en piernas y brazos.

Me agarro de la chaqueta y me sacó del armario. Mi cara frente a su cara a muy pocos centímetros.

-Elije: O vamos a tu país  a iniciar una nueva vida o vuelves tú dentro de una caja de pino.

Tu elijes. Y ahora a la cama.

Y ahí estaba yo. En la cama, a su lado reventada por dentro y sin saber qué hacer.

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Se esta moviendo. Se ha despertado.

Se gira y me mira: ¿qué haces?

Sigue con la misma cara de odio. No ha bajado la guardia, no esta arrepentido. Esta vez es diferente. No me ha pedido perdón.

-¿no piensas levantarte?

-Si, ahora voy.

Me ducho y veo las consecuencias de la ¨charla de ayer¨. Mis costillas rojas, arañazos y un bulto sospechoso en el esternón: seguramente tenga algo roto, no es la primera vez. Pero sí sé que va a ser la última.

Las niñas se van al colegio y mientras me preparo para ir a la oficina le veo tomándose un café, mirándome con un desprecio total.

Espero que esta noche me digas que has decidido.

Salgo sin mirarle y me meto en el coche.

En esos momentos, con la libertad que me daba verme a salvo en mi coche comienzo a temblar, no puedo parar de temblar. Me asusto pensando que me va a dar algo hasta que por fin rompo a llorar. Lloro sin fin, lloro como si las lágrimas pudieran borrar todo lo ocurrido, lloro sangre, miedo, tristeza, y odio, lloro un profundo y oculto odio que nunca antes me había atrevido a sentir.

Le odiaba profundamente. Y ni siquiera me había dado cuenta. Le odiaba por pegarme, por insultarme, por mentirme, por arruinarnos.

Quería matarlo, quería acabar con su vida poco a poco, quería que sufriera lo que él me había hecho durante los últimos 7 años. Quería vengarme.

De repente me vi con las manos apretando el volante, aparcada a un lado de la calle. Me mire en el espejo y no me reconocí. Yo no podía ser esa mujer con los ojos enrojecidos, con la mandíbula apretada, los labios entre los dientes y la lengua saboreando mi propia sangre.

Yo no podía ser esa mujer que el espejo me devolvía, no podía ser ella.

Solté el volante, tenia las manos agarrotadas, me dolían.

No sabia qué hacer y de pronto escuche el móvil: alguien me llamaba. Mire la pantalla y era Eugenia, mi compañera de trabajo.

Descolgué y le dije: -ven a buscarme, no me puedo mover.

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No sé qué paso después. Por lo visto me desmayé y tras localizarme a través del móvil

(Eugenia tenía acceso a mi localización por si acaso) me llevaron al hospital.

Me operaron de urgencia. Por lo visto, el bulto sospechoso eran dos costillas fracturadas que me habían causado un neumotórax.

Los médicos no entendían cómo era posible que hubiera aguantado tanto sin ir al hospital.

Los médicos no sabían el aguante que un cuerpo y una mente tienen cuando estas entrenada en recibir golpes.

Al despertarme Elías estaba allí, con un ramo de flores y abrazando a mis hijas.

Conocía esa mirada y sabia lo que escondía: si dices algo me las llevo y no las vuelves a ver en tu vida.

Pero esta vez no me daba miedo, esta vez la rabia había aparecido y ya no tenía miedo.

Les dije que quería estar a solas con mis hijas y con Eugenia. No le quedo mas remedio que salir, mi petición fue muy firme.

Les dije a las niñas que tenia que hablar con ellas y les explicaría todo pero que ahora tenían que irse con Eugenia.

Eugenia sabía lo que ocurría no tenia que explicarle nada y siempre me había prestado su ayuda aunque hasta ese día, yo siempre la había rechazado.

Le pedí un móvil y llamé a la policía. Expliqué rápidamente lo que pasaba, el medico lo corroboró y les dije que era muy importante que detuvieran a mi marido allí mismo en el hospital en ese momento.

Les aseguré que yo le retendría en la habitación junto con el médico, pero que se dieran prisa.

Casi no podía moverme, pero mi cabeza estaba lúcida, limpia, clara, como nunca antes había estado. Pensaba rápido y daba ordenes a todo mi alrededor.

Entró mi marido y le dije a Eugenia que llevara a las niñas a tomar un helado para poder estar solos.

No le dio tiempo a reaccionar, las niñas salieron por la puerta y yo le llame: Elías, quiero hablar contigo. Por favor quédate.

-Siento que te cayeras por las escaleras. De veras que lo siento, pero entiende que a veces te pones tan insoportable que no me dejas mas remedio.

-Tienes razón Elías y lo siento, sé que es culpa mía y que no te ayuda cuando más lo necesitas.

Se sentó tranquilo y me cogió la mano. Se le notaba relajado, todo estaba arreglado, se sentía que volvía a tener el poder.

A los 10 minutos la habitación estaba llena de policías, y por fin me pude sentar en la cama, mirarle a los ojos de frente y decirle: Adiós Elías, se acabó. No vas a volver a ponerme una mano encima, he dejado de tenerte miedo.

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El médico dijo que al ver las radiografías se veían lesiones antiguas  y que tenía una fractura mal curada en la muñeca.

El juez dio por valido mi testimonio, el de Eugenia y los médicos.

Fue mucho más sencillo de lo que siempre había pensado

Quizás lo difícil venía ahora: testificar ante el juez y ver si mi sensación de seguridad continuaba o el miedo volvía a bloquearme, contar a mis hijas quien era su padre, contar a mi familia quien era ese ser encantador que justo un mes antes algunos habían visto por primera vez, contar en mi empresa que yo, mando intermedio de un equipo de 50  personas y con dos licenciaturas a mis espaldas, había sido durante 7 años una mujer maltratada que casi muere en un coche aparcado en una acera de una calle cualquiera.

Quizás lo más difícil viene ahora.

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Capitulo 2: Carla y Manuela.

( en breve la historia continúa).

¿ Por qué tú?

Hoy este post sale del corazón de una pequeña gran amazona

Yo seria incapaz de sentir como sientes, mirar como miras y luchar como luchas por ellos

Esta vez te toca a ti expresar tu dolor y tu tristeza.

Para cada uno, expresar cómo está en un momento duro supone un desafío, nos hace sentir con más intensidad, nos da miedo.

Aquí te dejo tu espacio, valiente!!

No te tocaba , pequeño Gorbea.

Todavía tenías que seguir galopando por la campa con los demás pottokas

Te quise el día que te ví, y te sigo queriendo.

Durante tiempo mi querida Leire tuvo la suerte de montarte, ayudarte a manejar tu energía, madurarte…. y tu sin duda le acompañaste a ella a hacerse mayor.

Tras un tiempo montando a otros caballos, me tocaba por fin volver a disfrutarte !!!

Yo me hice más mayor y era nuestro momento de volvernos a juntar.

Es muy difícil explicar que se siente por un caballo

Es muy difícil explicar cómo me siento cuando hoy, tras una semana negra, ya no estas con nosotros.

Algo en mi pecho, en mi corazón, en lo más profundo de mi alma cambió la primera vez que monte a caballo.

Hay quien lo siente y hay quien no.

No se puede explicar, simplemente te sale.

Acercarme a las cuadras, notar el olor, ver a los caballos en las campas… algo cambia en mi: aquí es donde quiero estar.

Soy de pocas palabras y me cuesta mucho expresar verbalmente lo que me habéis ayudado a entender, mirar la vida, luchar, escucharos de verdad.

No quiero ser la mejor amazona, tan solo quiero disfrutar con lo que hago.

Quiero pensar que ahora eres una estrella que nos protege.

Me has enseñado a vivir momento a momento, me has dado mucho y has pedido muy poco, Siempre serás uno de mis maestros de vida, siempre estarás en mi.

Me gustaría abrazarte de nuevo, pero ahora toca mirar para adelante y recordar los buenos tiempos vividos

Adiós, descansa.

Gabriela Sesar Olarte

SIN LIMITES

 

 

Llevo mucho tiempo sin publicar un post.

Tengo varios en la cartera, pero me dejo llevar por mis intuiciones y no llegaba el que quería compartir con todos los que me leéis.

Espero que os guste. 

Querida Laura:

Hace tiempo que quería escribirte una carta abierta.

Hace tiempo que te la mereces.

Quizás desde que estabas en mi tripa y decidiste acompañarme y darme paz en una época muy dura para mí.

Posiblemente escribirte esta carta implicaba además enfrentarme a mis fantasmas que, aunque ya dormidos, todavía a veces siguen molestando.

Mi aprendizaje en todos estos años me ha ayudado a trabajar mis miedos, entender que mis hijas no son mi posesión y que soy yo la que debo cuidarles y no ellas a mí.

1.-Ayuda a los que quieran y merezcan tus esfuerzos

Me gusta verte crecer, enfrentarte a tus miedos, hacerte mayor.

Ya con doce años demostraste una fuerza, energía y valentía que yo nunca reconocí en mí, ni siquiera ahora me aproximo a ella.

Era sorprenderte ver como una niña conocida por su amplia sonrisa, su afán por cuidar y dar mimos se convirtiera en una defensora voraz de sus derechos y dejara claro ante el mundo y la justicia dos frases que para mí han sido mis mantras en mi vida personal y profesional:

No se puede ayudar a alguien que no quiera mi ayuda.

Los padres tienen la responsabilidad de cuidar de sus hijos. No son los hijos los que tienen que responsabilizarse de los problemas de los adultos.

Eres fuerte, enérgica y quizás a veces rígida en tus planteamientos.

Te planteas expectativas muy altas para ti y por ende para el resto del mundo.

Quizás de esto soy responsable en parte al ser exigente contigo y no dejarte abandonar cuando algo se comienza.

Estoy orgullosa de ver que sabes gestionar tus frustraciones, que sabes continuar tu camino aun cuando haya piedras punzantes que se te incrusten al caminar.

Quizás a veces se me haya olvidado decirte que, además, hay que saber aflojar y permitirte respirar porque si no nos volvemos duros y juzgadores.

Aprende a respirar, cariño, y a aflojar, y verás que las piedras del camino serán más llevaderas.

No permitas que te pongan límites:

Recuerdo que con diez años una profesora te definió como una niña muy buena, muy obediente, disciplinada y súper trabajadora.

Recuerdo así la conversación:

Era una tarde de miércoles y tenía cita con la tutora para ver qué tal iban las cosas.

Bueno Maria, no tengo nada especial que comentarte porque Laura es un amor de niña, muy trabajadora, complaciente, cariñosa, no se le puede pedir más.

¿Qué quieres decir que no se le puede pedir más?

Quiero decir que es una niña que trabaja mucho y aunque no tenga facilidad para aprender podrá sacar los cursos porque es muy trabajadora

Me quede parada, mirándola con una sensación de frio en el estómago.

No entendía como lo que parecían buenas noticias me generaban esa sensación en el estómago tan rara.

Se me ocurrió preguntarle: ¿tú crees que Laura podrá estudiar lo que quiera cuando sea mayor?

No lo sé, a veces es bueno que no se hagan demasiadas expectativas porque luego sufren cuando no las consiguen

¿y como sé yo cuál es una expectativa alta o adecuada?

Vi que la profesora estaba incómoda ante mis preguntas, ella notaba que yo no estaba a gusto y no entendía que, lo que iba a ser una reunión de tutoría sencilla se estaba convirtiendo en un momento tenso.

Tras un silencio algo más largo de lo que la prudencia marca, le dije: ¨voy a pensar en lo que me dices. Quizás a mí no me preocupa que mi hija sufra porque creo que aprender a sufrir es importante para conseguir metas y que el sufrimiento es parte de la felicidad.

Lo que sí tengo claro y desde este momento me comprometo a ello es que no voy a poner límites a mis hijas, que ellas aprenderán a ver cuándo las expectativas son o no altas, exageradas, poco ambicionas o lo que sea…

Sí te pido que hagas lo mismo: que si yo no pongo limites en este caso a mi hija Laura no lo hagas tú porque como educadora tienes influencia alta en ella en esta época de su vida.

Nos despedimos y recuerdo que cuando salí se me escapaban unas pequeñas lágrimas de rabia. Con todo, esta conversación me ayudó mucho a comprometerme a partir de ese momento contigo, Laura, para no ponerte límites y sí ayudarte a que confíes en tus capacidades y tus propios recuerdos y te desafíes a ti misma en ponerlos a prueba.

No me dejes marcarte el camino

Os pregunto a los padres y a las madres: ¿De quién son los sueños? ¿Quién tiene el derecho a decirle a una hija hasta dónde puede llegar?

Sé que como madres o padres queremos lo mejor, que no sufran, que sean felices….

Queremos que sean buenas personas… que traten bien a las personas y no se dejen mangonear…

Pero quizás a veces no sabemos cómo estar a su lado sin entrometernos, tan solo observando, sosteniendo lo que les ocurre y enseñándoles a decidir, aunque no nos guste o entendamos el camino decidido.

A mí me cuesta saber si mis decisiones son buenas o malas, arriesgadas o demasiado segurolas.

Me cuestiono mucho cada decisión que tomo aceptando que, una vez lo hago me gusta pasar a la acción y probar qué resultados obtengo.

A veces esas decisiones son meditadas y otras impulsivas porque creo que la reflexión y la intuición tienen que tener su espacio.

Pienso que si las mías no tienen garantías no soy quien para creer que sé decidir por ti, hija.

Como padres y madres creemos que nuestras experiencias de vida pueden ser sus experiencias y aprendizajes.

Nos cuesta ver que nuestras hijas tienen que pasar por sus aprendizajes y que a veces, queremos que con 12 piensen qué van a hacer con 30 o que entiendan que nuestras experiencias tienen que ser sus experiencias no vividas.

Pero ¿qué ocurre cuando les aconsejamos a que hagan o no hagan algo según mi manera de ver la vida?

Que nos las escupen, no las quieren.

Nuestros hijos quieren tener sus propias vivencias, quieren sentir que su vida es única y que no son una proyección nuestras vidas. No pueden aprender de nuestras vidas, pero sí podemos con nuestras experiencias ayudarles a tener criterio para decidir sobre cómo encarrilar las suyas.

Cuantas veces habéis escuchado: ¨a mí no me va a pasar lo que te paso a tí, yo no soy tú, a mí no me gusta lo que te gusta a ti….

Seguramente ni ellos saben según a qué edad qué quieren para su presente como para saber qué ven para su futuro.

Seguramente desde pequeña aprendiste también a luchar por lo que querías y a saber que las cosas hay que currárselas para saber luego disfrutarlas.

Permíteme estar a tu lado

¿Cuál es entonces mi rol como tu madre?

Mi propuesta contigo Laura siempre ha sido ESTAR.

ESTAR a tu lado, ESTAR para abrazarte, ESTAR para consolarte, ESTAR para saber que me toca marchar, ESTAR para que sepas que, en presencia o en ausencia, ESTOY.

Quiero observarte viendo más allá de tus comportamientos, empatizando contigo y siendo firme cuando entienda que los límites entre tus derechos y los de los demás no están claros.

Cocina tu vida con ingredientes variados y seleccionados por ti:

Me encanta observarte resolver tus problemas de trabajo, ver cómo negocias tus condiciones laborales, ver cómo gestionas las devoluciones en la tienda o has aprendido a cuadrar una caja.

Me encanta verte disfrutar en la universidad, ver cómo te desenvuelves en una gran ciudad y aprendes a cocinar y limpiar.

Estas haciéndote mayor, estas convirtiéndote en una mujer magnifica y te quiero por lo que eres y por lo que quieres ser, te quiero por tus decisiones maduras y por tus rayaduras mentales, te quiero por tu capacidad de lucha y por tus bajadas melodramáticas a los infiernos por sacar una mala nota ,…

Eres hermana mayor y también estas aprendiendo a serlo aunque a veces te cueste dejar de cuidarme a mi y centrarte en lo que te toca: ser hermana mayor porque si quiero que protejas a alguien es a tu hermana pequeña.

No permitas que nadie te diga cómo tienes que ser, escucha y asume tus decisiones con responsabilidad

No quiero que seas una hija modelo de la que sentirme orgullosa.

Para mí tanto tú como tu hermana sois perfectas tal como sois y lo único que espero es que vuestro padre y yo seamos capaces de daros los escenarios suficientes para probar vuestras capacidades y recursos que lleváis dentro y daros el marco de seguridad y amor que unos padres tienen la responsabilidad de ofrecer a sus hijas. 

Disfruta de tus éxitos y permítete tus errores

Sin querer contradecirme quiero pedirte tan solo una cosa: disfruta de cada paso que des para adelante y para atrás, no te olvides de disfrutar y quizás en determinados momentos afloja tus expectativas y permítete cagarla porque tienes tal capacidad de aprendizaje que seguro que cometer errores hoy te ayudara a ser más grande mañana.

Hace tiempo que descubrí el mejor regalo que puedo daros como madre: no quiero que seáis las mejores hijas, las más guapas, las más inteligentes o las más exigentes ,….

Confía en ti misma

Solo quiero que tengas la confianza centrada en ti y que te repitas todos los días la única verdad para mi incuestionable: eres única, eres importante, eres valiosa.

A partir de esta verdad incuestionable sigue construyendo tu vida a micropasos y no a grandes zancadas, disfrutando de cada paso, viviendo, fluyendo, reflexionando y mejorando.

GRACIAS DE CORAZON 

Gracias por dejarme formar parte de tu vida, me siento por ello una persona tremendamente afortunada y ya desde aquí te pido disculpas por mis incoherencias cuando en lugar de acompañarte me entrometo.

Yo también seguiré aprendiendo mucho de ti.

Gracias por estar a mi lado, por saber como nadie escucharme y darme calor en momentos de frio y alegría en momentos chungos.

Gracias por enseñarme tanto y pedir tan poco.

Gracias por oler a vainilla y ser el sol que alumbra mis días.

Gracias por ser hermana mayor de Gabriela y ayudarle a enfocar su vida.

Gracias por ser tú.

 

 

 

 

¿ A QUÉ ESPERAS PARA COMERTE LA VIDA A BOCAOS?

Imagen 1

Mastica, disfruta, bebe, ríe , llora, y sobre todo VIVE.

Os tengo que anunciar algo: He decidido comerme la vida a bocaos.

No me digáis que esta expresión no es inspiradora.

Será porque me guste comer o porque me encanta la vida, que las dos cosas en la misma frase me pone las pilas.

El 28 de diciembre del 2016 decidí hacerme mi primer tatuaje y ya que estaba me hice un nuevo pendiente en la oreja. A los dos días además decidí hacerme una permanente suave y ese día pensé: ¿pero qué me está pasando?

Estaba bastante excitada y me estaba divirtiendo pero decidí parar.

Quise disfrutar de mis nuevos regalitos que me había hecho sin valorar mucho si eran acertadas las decisiones o no.

El puñetero pendiente me dio mucho mucha guerra y me costó dormir del lado derecho Que es mi preferido A puntito estuve de mandarlo al carajo pero decidí darle un tiempo mayor que al tatuaje que sinceramente fue todo más sencillo de lo que me esperaba. Ahora, después de unos meses, miro mi brazo y mi oreja y me siento bien, a gusto de mis pequeños anclajes porque cada uno de estos símbolos significa algo para mí.

Entonces, ¿Qué es comerse la vida a bocaos?

y, ¿Cómo podemos hacerlo manteniendo a la vez equilibrio?

Para mí comerse la vida a bocaos es actitud, es dejar de esperar a que lo malo se vaya y trabajar por mejorar, es reírse con ganas y llorar con la misma intensidad, abrazar desde dentro y decir STOP cuando algo o alguien me quiere robar mi energía

Dejad que os presente a Marisa

Marísa tenía 84 años: la primera vez que vino a verme recuerdo que entro con ganas, llenando el espacio y pisando fuerte: tiene arrestos esta mujer ( pensé). No la conocía de nada y ella a mí tampoco pero una amiga de una amiga le hablo de mi blog y al leerlo busco mi teléfono y me llamo

¿Dónde dejo el abrigo?

En esta butaca está bien

¿Me siento aquí?

Si, por favor

Me llamo Marisa

Hola Marisa, yo soy Maria, ¿cómo estas?

Bien bien hoy me encuentro bien

Me llamó la atención su “hoy me encuentro bien”.

Se había tomado una pequeña pausa para responder y mirar hacia dentro para ver realmente cómo se sentía.

Marisa, el otro día hablamos por teléfono y me comentaste que querías venir a verme y que no importaba la hora siempre y cuando fuera cuanto antes.

Si, esque el médico me ha puesto fecha fin

Tragué saliva, no me lo esperaba. La mire y mientras bebía un poco de agua, la escuche.

Mira Maria, tengo 84 años y a mí la verdad esque morirme no me apetece pero eso parece que no voy a decidirlo yo así que quiero aprovechar el tiempo y por eso estoy aquí

¿En qué puedo ayudarte a aprovechar el tiempo Marisa?

Pues mira, yo tengo mala leche, y esto del bicho que se me ha instalado ( así llamaba a su enfermedad) pues al principio me puso de muy muy mala leche Luego me di cuenta que no puedo luchar contra el así que he decidió aceptarlo e intentar que no me de guerra

Pero, ¿sabes lo que pasa? Que cuando un día no me acuerdo del bicho llega alguien y me pregunta con voz temblorosa y mirada de carnero degollado mientras me da la mano:

¿cooommmooo eeessstttaaassss?

Mira Maria, ya sé que lo hacen porque me quieren o algo así pero es que me da una rabia!!!!!

¿Qué te da rabia MARISA? Que solo vean de mi al bicho

Me quedé un rato mirándola: me costaba verle el bicho porque desprendía fuerza, determinación, mala leche y energía.

Le pregunté por ella, que me contara quién era MARISA y así dejar al bicho a un lado

Me contó que desde pequeña había trabajado duro: era la mayor de cinco hermanos y su madre se murió joven de otro bicho hermano del suyo.

Dejo pronto la escuela y se deslomó a trabajar.  Me decía que era lo que había que hacer y que no tenía un mal recuerdo de su infancia y juventud. Ella había aprendido que las cosas cuestan.

Me contó que no había tenido mucho tiempo para fiestas pero que en una verbena conoció al que fue su marido durante 30 años: José Antonio.

¿Has sido feliz con José Antonio?:

Si, era un buen hombre. Me divertía mucho con el No tuvimos hijos y a los dos nos encantaba viajar así que hemos estado por muchos países.

Cuando nos casamos yo entré a trabajar como ayudante en una notaría: no tenía estudios porque no había podido. me encantaba leer y como le vieron que servía para un roto y un descosido me cogieron para el puesto.

Marísa se para y noto que se le escapa una sonrisa picaruela.

¿Qué pasa MARISA? ¿Qué te hace tanta gracia?

Pues que hacía tiempo que no me acordaba de esto:

Maria, tú quieres  saber cómo llegue yo a ese puesto? : yo limpiaba las oficinas y el notario se quedaba siempre el último porque aunque digan que solo firman el señor Ernesto trabajaba como el que más.

Era un hombre muy educado y a veces me daba pena porque saber sabía mucho pero era muy desordenado con los papeles el hombre.

Un día me pregunto: ¿Marisa, no habrás visto una carpeta azul de gomas?

Esto era lo cotidiano: yo limpiaba y el preguntaba por algo que se había extraviado

Gozaba de su confianza y me dejaba ordenar una mesa donde todos los días se acumulaba mucho papel

Está en El Segundo cajón de su mesa señor Ernesto

Gracias MARISA, ¡qué haría sin usted!!

En broma le dije: si esque tendría que contratarme como ayudante

Se quedó mirándome y no dijo nada. Pensé para mis adentros: pero ¿ por qué no te callaras la boca?

Termine mis labores y me dispuse a marcharme cuando me dijo: te gustaría trabajar con nosotros en la notaria?.

Mira que soy echada palante pero en ese momento notaba una barra de acero frío que me atravesaba la columna

Quite señor Ernesto: si justo sé escribir

Me dijo: NO tú sabes ordenar, trabajas duro y confío en ti.

Así comencé a trabajar como ayudante de notaría

¿Qué te parece Maria? Una ignorante como yo

Trabajando en una notaría nada más y nada menos??

Se la notaba muy orgullosa y no era para menos.

Es una historia preciosa MARISA y la cuentas fenomenal

Es que me encanta contar historias y comentar libros pero me da vergüenza hacerlo en público

De repente MARISA se arrugó en la silla y se hizo pequeñita. No me lo podía creer: ni el bicho había conseguido que yo la viera amedrentada y ahora veía su vulnerabilidad y su miedo.

MARISA ¿a tí te gustaría contar historias en público? Se puso roja y se revolvió en la silla

Quería escaparse pero la rete: MARISA, dime , ¿quieres contar historias en público? ¿Quieres contar tu historia?? Si Y ¿por qué no lo haces? ¿Qué te lo impide? Yo que sé, que soy muy ignorante, que no fui casi a la escuela que se pueden reír de mí, que igual se burlan de mi historia……

Casi se me caen las lagrimas al escucharla La montaña de determinación se convertía en arena ante mis ojos. MARISA, a que estás esperando para comerte la vida a bocaos? Me miró y se iluminó: es cierto, es mi momento, que más da si les gusta o no yo quiero hacerlo Pero ayúdame

Así centramos en esa primera sesión su proceso de COACHING: como hablar en público y disfrutar de ello. El bicho no apareció en todo el proceso porque no tenía lugar, porque no era su turno, porque era el momento en que MARISA hiciera realidad su sueño.

Debutó en un hogar de jubilados y la acogida fue magnífica. Fue emocionante verla y escucharla demostrando a todos que no quería que la vieran pequeña ni destruida y que pedía a gritos que la vieran como lo que siempre fue: una mujer cargada de vida que supo sin lugar a dudas aspirar hasta la ultima gota de oxígeno.

MARISA me enseñó a vivir y a morir.

En recuerdo a MARISA, licenciada superior medalla de honor en saber elegir vivir en lugar de esperar a morir.

 

Maria Olarte

(Fotografia: Jon Olarte)

LA PASTILLA PARA LA FELICIDAD: Exterminando al vampiro emocional

Los 50 Tacos me cayeron mal, para qué engañarnos.
Algo en mi mente no me deja asumir que ya tengo medio siglo de vida en mis alforjas.

Hace mucho que decidí disfrutar la vida sin que pase de largo.
Hace mucho que decidí vivir la vida viviéndola.
Y os garantizo que lo hago, aquellos que me conocéis  seguro daríais fe de ello.

Creo que, aceptando que la edad me pesa, he decidido centrarme en lo que voy aprendiendo y construyendo para que mi presente y mi futuro se aprovechen de todo lo que llevo puesto .

Tengo un amigo en estos momentos que está pasando una mala racha. El está convencido que aprender a estar solo y vivir la soledad es un martirio.
Dice que sólo quiere ser feliz pero: ¿eso qué es lo que es?.

Un día me preguntó: “Maria, me han dicho que hay una pastilla que te ayuda a estar bien. Sabes cuál es?”
Yo le dije que la pastilla más duradera y sin efectos secundarios es la que elaboramos desde dentro, y no la que tomamos por la boca.

Las drogas  nos permiten apaciguar los malos momentos, tanto a los antidepresivos como a la coaina.
Yo no estoy en contra de las drogas recetadas por un médico pero sí estoy muy en contra de que nos lleguemos a pensar que la ayuda a nuestros problemas viene de fuera.

No sé cómo explicar a mi amigo y a personas que vienen a que les ayude que el mejor recurso que él tiene es él mismo.

Yo solo  me siento capaz de ayudar a quien está dispuesto a trabajar duro. Ningún coach, terapeuta, libro de autoayuda o mago de las emociones es capaz de cambiar la vida de nadie, tan solo puede acompañarle en su camino.

La actitud que más me cuesta trabajar o donde más me cuesta acompañar es la de víctima.

¿Qué es ser víctima?
Para mí, una víctima no es alguien a quien le ha pasado cosas porque,  en mayor o menor medida, a todos  nos pasan cosas.

Víctima es aquella persona que siente que NO puede, que su vida es peor que la de los demás, que siente que tiene mala suerte, que solo a el/ella le pasa….

Víctima es alguien que se coloca en la vida en El Centro de un grupo y espera que los demás le miren, le oigan, le ofrezcan sus manos y sus energías, para que le salven la vida, le saquen de un pozo en el que seguramente el mismo se haya metido, aunque nunca se dió cuenta de dónde se metía.

Víctima es alguien que de veras siente que solo puede salir si los demás le sacan.

Y ¿cuántos de vosotros habéis tenido al lado a alguien a quien queréis y os habéis dejado el alma y el hígado lo en intentar sacarle del agujero?
¿Qué tal os ha ido?
¿Cuánta energía os ha llevado?
¿Cuánto tiempo habéis invertido en él de vuestra propia vida?
Y ¿con que resultados?

Sé que lo habéis hecho porque le queríais, sé qué estabais  convencidos que sin vosotros no podría salir, que os necesitaba.
Sé que vuestra mente ha buscado  mil soluciones  para ayudarle y habéis llegado a hacer el pino puente con tirabuzón para que esa persona a que tanto queréis y que os pide ayuda sea feliz.

¿Por qué no lo habéis conseguido?
Quizás y solo quizás, porque no sois capaces de cambian a nadie, tan solo de acompañar a quien haya querido levantar el culo de la silla y esforzarse en salir.

Si miráis a vuestro alrededor y veis a una persona que lleva tiempo quejándose de su situación, diciéndote la suerte que tú tienes, pidiéndote ayuda constante, dándote pena…..
si esta misma persona a la que  le decís que lo intente os dice: “hoy no pero mañana lo haré,” y el mañana nunca llega…..quizás  estáis enfrente de una persona que unos días te da pena, otros rabia y otros ganas de marcharte lejos de ella,….

Quizás y solo quizás puedas estar al lado de alguien que está utilizando tu energía, chupándotela, como un vampiro con cara de calimero ( recordáis a caliento verdad? Ese pollito con cara de pena que se pasaba todo el día triste y quejoso? ).

Si es así no te enfades con él, no lo hace a posta.
Para que no te consuma la energía de forma inútil ponte una coraza o toma distancia.

Si quieres de veras ayudarle porque te importa  de verdad , dile claramente que se ponga en pie, que deje de decir no puedo, que se seque las lágrimas y que se ponga ha trabajar por su propia felicidad.

Tú no puedes construirle un mundo perfecto y maravilloso.
Sin embargo, si puedes ayudarle diciéndole que es él quien tiene que aceptar su vida, trabajar con su propia energía, mirar hacia dentro y buscar entre sus tripas y sus visceras su luz, esa luz que le puede hacer salir del pozo y aprender a vivir sin muletas, con autonomía.

Hazle ver que ese SI es el camino hacia la felicidad siempre y cuando acepte que el malestar y el dolor también es parte de la vida.

Hazle ver que no se trata de ver el mundo compuesto de buenos y malos, fuertes o débiles.
Que todos somos todo y que según en qué nos centremos construiremos nuestra vida: si me centro en mi debilidad y fragilidad mi vida será dependiente y llena de sufrimiento.
Si me centro en mis fortalezas y en saber que yo puedo igual que otros mi vida será construida y cocinada con ingredientes sanos, aunque a veces alguno sea demasiado amargo.

Hazle ver que cada vez que diga  “no puedo” esté seguro de que no va a poder.

Que cada vez que se diga o comparta con otros que su vida es una porquería efectivamente su vida será una mierda de dimensiones inmanejables.

Que si se quiere compadecer de sí mismo que lo haga, pero que no cuente contigo porque  le quieres demasiado como para acompañarle en el camino de mierda que quiere vivir.

Aunque te duela te garantizo que le vas a ayudar más poniéndole límites y diciéndole que no vas a volver a escucharle más tus lamentos.

Mejor que eso, dile que escriba en la pared de su casa con letras enormes:

1-. Soy un afortunado y sé que la gente me quiere así que voy a aprovecharme de eso y en lugar de pensar en lo que me falta pienso en lo que tengo
2-.Voy a dejar de sentirte víctima de la situación y voy  a utilizar mis energías en:
–Quiero vivir la vida porque es maravillosa
–Quiero aprender a conocerme porque es conmigo con quién voy a estar siempre.
–Voy a quererme porque me lo merezco.
–Voy a dejar de pensar en lo que no tengo para pensar en lo que esta vida me ofrece.

3-.Voy a demostrar a todos los que me quieren que yo también les quiero a ellos y por ello voy a enseñarles quién soy de verdad una vez que yo me haya conocido.

4-. Voy a sonreír a la vida porque aún en los peores momentos es lo mejor que tenemos y donde todos nuestros sueños se van a convertir en realidad

5.- A tomar por el culo con tanto sufrimiento  que no sirve para nada y voy a disfrutar del sol, de un libro, de una conversación, de mi soledad…

6.- Voy a hacer ejercicio, cocinar, ocuparme de mi vida y ser autónomo porque es hora de demostrarme a mí mismo que yo soy capaz de lo que me propongo y acepto el trabajo que eso conlleve.

7-.Voy a dejar de hacer que otros me cuiden porque yo soy muy capaz de cuidarme y cuidar a otros

8.- Mis pensamientos  negativos serán vencidos por mis pensamientos positivos y por mi trabajo en esa dirección.

Dile que escriba esto en una pared de su casa, que lo lea en voz alta GRITANDO y con energía.

Y cada vez que sienta que la vida es una mierda que lo vuelva  a leer.

Ojalá ,amigo mío, me leas y entiendas que te quiero mucho más de lo que te imaginas y que por eso mismo te dedico  a ti y a todos aquellos que me pedís la pastilla de la felicidad este post , con el objetivo de que cojais una brocha bien gorda, la impregnéis en pintura brillante y decoréis vuestra vida con estos mensajes.

Y a vosotros, los que me leéis y os sentís como yo con mi amigo os dedico este post para que os ayude a ayudar positivamente a esa persona que tenéis cerca y que está en esta situación de víctima.

Así vivo yo y así ayudo a quien me deja ayudarle.
María Olarte