Cuando un sueño se trunca 

Es fuerte y su mirada es dura, clara y directa.Está acostumbrado a mirar de frente y a no andarse con chiquitas.

En cuanto conectas con él encuentras a un ser humano sencillo, trabajador, implicado y con ganas enormes de que te enamores del boxeo y aprendas a entenderlo como él lo hace.

Hace un año largo entró en nuestras vidas y es nuestro entrenador todos los domingos.

Le puteamos levantándolo a primera hora y siempre da la sensación de que encima le hacemos el favor a él.

Es de esas personas que da y parece que solo pide que te entregues a sus clases, que te diviertas y que valores el deporte como algo fundamental en la vida, como lo hace él. 

Si te comprometes no te abroncará.Si no te sale la técnica y te la tiene que repetir diez veces, lo hará.

Sabrá picarte para que salga tu nervio pero en todo momento conseguirá que el clima sea perfecto entre la tensión que implica la concentración y la tranquilidad de saber que estas en buenas manos.

Para Óscar y para mí es nuestro momento de la semana donde salen todas las tensiones, donde como pareja nos encontramos en un entorno muy nuestro que nos permite pasarlo bien mientras sudamos la camiseta a base de bien. 

Me gusta que la gente se sorprenda si les digo que practico la meditación y además boxeo, que me he ido al Camino de Santiago con mi hija la mayor y además me gusta ir a Ibiza a escuchar buena música, que me encanta tomar un buen vino y además estar un mes depurando el organismo cuando el verano ha sido demasiado fiestero. 

Nunca he entendido por qué hay que ser solo de una manera o gustarte sólo un tipo de cosas.

El domingo pasado fui a clase de boxeo sola porque Óscar estaba en China.

Cuando me recibió Txema sabía que algo pasaba: sus ojos lo decían, estaba preocupado. 

Le pregunté si estaba todo bien.

– Si, más o menos, me respondió

– ¿Qué pasa?

Ya por fin se relajó y me contó que se había hecho daño en un brazo.

Es importante concretar que estábamos a 3 semanas de una prueba muy importante para él y que se está dejando la piel para llegar en buena forma.

Cuando le vi el brazo supe que algo no andaba bien, que no era una tontería que no tenía buena pinta. Me preocupé mucho y me costaba pensar que podía ser un obstáculo para su prueba.

Justo dos semanas antes volvimos a encontrarnos después del verano.

Le encontranos mas delgado, fuerte y muy motivado.

Le preguntamos qué tal le verano y nos dijo que se había dedicado en cuerpo y alma a entrenar. Y a su hijo, por su puesto, su gran pasión. 

Ese mismo día nos revelo además que su miedo era a una lesión puñetera que le truncara los planes.

Ni se sabe la de veces que durante estos meses ha visualizado la pelea en su cabeza, cada golpe, cada reacción, cada sensación,…

Ni se sabe la de veces que ha soñado con los momentos previos a la pelea, con la última noche.

Tiene práctica, sabe que tiene que salir con la adrenalina en alto y todo estaba preparado para ello. Quizás le faltaba tan solo reducir la ansiedad pre-combate que les ataca a todos los grandes.

Y ocurrió. 

El médico le dijo lo que él ya sabía.

Su lesión no era cosa de dos días ni una tontería.

Sus peores presagios se habían cumplido.

Es difícil pensar lo que para un deportista que sacrifica tanto significa una lesión justo en puertas de la competición

No fui capaz de consolarle o quizás sabía que no era lo que él quería.

Han pasado unos días y tan solo nos gustaría decirte, profe, que entendemos tu sacrificio, que sabemos lo que esta lesión significa, que no te hagas el duro y aflojes.

Porque creemos que es importante darte permiso para decir que esto es un trago amargo como el que seguro has sentido en más de un combate cuando un golpe certero te ha cogido por sorpresa y te ha noqueado. 

Y también queremos decirte que sabemos que no vas a caer, que tan solo es un revés porque eres mucho Txema y sabes lo que es sufrir encima de la lona.

Seguro que de ésta aprendes y sale más fuerte. 

Seguro que además por el camino aprovechas a entrenar tus emociones y a estar más sólido si cabe emocionalmente.

Y ahora me dirijo a vosotros que me leéis:

¿A quién no se le ha roto un sueño??? 

¿Quién pensó alguna vez que era fácil conseguirlos o que dependía solo de nosotros?

¿Cómo hemos reaccionado cuando se nos ha frustrado? 

¿Nos ha hecho más fuertes o nos ha hecho tirar la toalla?

Yo he aprendido que si una vez soñé algo fue porque era importante para mí.

Sé que si perseguí y persigo mis sueños y me esfuerzo es porque vale la pena.

Por lo tanto sé que si no lo consigo es porque esta vez no tenía que ser y porque la vida me tiene preparada una oportunidad mucho mejor para que mi sueño se haga realidad.

 

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