¿ A QUÉ ESPERAS PARA COMERTE LA VIDA A BOCAOS?

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Mastica, disfruta, bebe, ríe , llora, y sobre todo VIVE.

Os tengo que anunciar algo: He decidido comerme la vida a bocaos.

No me digáis que esta expresión no es inspiradora.

Será porque me guste comer o porque me encanta la vida, que las dos cosas en la misma frase me pone las pilas.

El 28 de diciembre del 2016 decidí hacerme mi primer tatuaje y ya que estaba me hice un nuevo pendiente en la oreja. A los dos días además decidí hacerme una permanente suave y ese día pensé: ¿pero qué me está pasando?

Estaba bastante excitada y me estaba divirtiendo pero decidí parar.

Quise disfrutar de mis nuevos regalitos que me había hecho sin valorar mucho si eran acertadas las decisiones o no.

El puñetero pendiente me dio mucho mucha guerra y me costó dormir del lado derecho Que es mi preferido A puntito estuve de mandarlo al carajo pero decidí darle un tiempo mayor que al tatuaje que sinceramente fue todo más sencillo de lo que me esperaba. Ahora, después de unos meses, miro mi brazo y mi oreja y me siento bien, a gusto de mis pequeños anclajes porque cada uno de estos símbolos significa algo para mí.

Entonces, ¿Qué es comerse la vida a bocaos?

y, ¿Cómo podemos hacerlo manteniendo a la vez equilibrio?

Para mí comerse la vida a bocaos es actitud, es dejar de esperar a que lo malo se vaya y trabajar por mejorar, es reírse con ganas y llorar con la misma intensidad, abrazar desde dentro y decir STOP cuando algo o alguien me quiere robar mi energía

Dejad que os presente a Marisa

Marísa tenía 84 años: la primera vez que vino a verme recuerdo que entro con ganas, llenando el espacio y pisando fuerte: tiene arrestos esta mujer ( pensé). No la conocía de nada y ella a mí tampoco pero una amiga de una amiga le hablo de mi blog y al leerlo busco mi teléfono y me llamo

¿Dónde dejo el abrigo?

En esta butaca está bien

¿Me siento aquí?

Si, por favor

Me llamo Marisa

Hola Marisa, yo soy Maria, ¿cómo estas?

Bien bien hoy me encuentro bien

Me llamó la atención su “hoy me encuentro bien”.

Se había tomado una pequeña pausa para responder y mirar hacia dentro para ver realmente cómo se sentía.

Marisa, el otro día hablamos por teléfono y me comentaste que querías venir a verme y que no importaba la hora siempre y cuando fuera cuanto antes.

Si, esque el médico me ha puesto fecha fin

Tragué saliva, no me lo esperaba. La mire y mientras bebía un poco de agua, la escuche.

Mira Maria, tengo 84 años y a mí la verdad esque morirme no me apetece pero eso parece que no voy a decidirlo yo así que quiero aprovechar el tiempo y por eso estoy aquí

¿En qué puedo ayudarte a aprovechar el tiempo Marisa?

Pues mira, yo tengo mala leche, y esto del bicho que se me ha instalado ( así llamaba a su enfermedad) pues al principio me puso de muy muy mala leche Luego me di cuenta que no puedo luchar contra el así que he decidió aceptarlo e intentar que no me de guerra

Pero, ¿sabes lo que pasa? Que cuando un día no me acuerdo del bicho llega alguien y me pregunta con voz temblorosa y mirada de carnero degollado mientras me da la mano:

¿cooommmooo eeessstttaaassss?

Mira Maria, ya sé que lo hacen porque me quieren o algo así pero es que me da una rabia!!!!!

¿Qué te da rabia MARISA? Que solo vean de mi al bicho

Me quedé un rato mirándola: me costaba verle el bicho porque desprendía fuerza, determinación, mala leche y energía.

Le pregunté por ella, que me contara quién era MARISA y así dejar al bicho a un lado

Me contó que desde pequeña había trabajado duro: era la mayor de cinco hermanos y su madre se murió joven de otro bicho hermano del suyo.

Dejo pronto la escuela y se deslomó a trabajar.  Me decía que era lo que había que hacer y que no tenía un mal recuerdo de su infancia y juventud. Ella había aprendido que las cosas cuestan.

Me contó que no había tenido mucho tiempo para fiestas pero que en una verbena conoció al que fue su marido durante 30 años: José Antonio.

¿Has sido feliz con José Antonio?:

Si, era un buen hombre. Me divertía mucho con el No tuvimos hijos y a los dos nos encantaba viajar así que hemos estado por muchos países.

Cuando nos casamos yo entré a trabajar como ayudante en una notaría: no tenía estudios porque no había podido. me encantaba leer y como le vieron que servía para un roto y un descosido me cogieron para el puesto.

Marísa se para y noto que se le escapa una sonrisa picaruela.

¿Qué pasa MARISA? ¿Qué te hace tanta gracia?

Pues que hacía tiempo que no me acordaba de esto:

Maria, tú quieres  saber cómo llegue yo a ese puesto? : yo limpiaba las oficinas y el notario se quedaba siempre el último porque aunque digan que solo firman el señor Ernesto trabajaba como el que más.

Era un hombre muy educado y a veces me daba pena porque saber sabía mucho pero era muy desordenado con los papeles el hombre.

Un día me pregunto: ¿Marisa, no habrás visto una carpeta azul de gomas?

Esto era lo cotidiano: yo limpiaba y el preguntaba por algo que se había extraviado

Gozaba de su confianza y me dejaba ordenar una mesa donde todos los días se acumulaba mucho papel

Está en El Segundo cajón de su mesa señor Ernesto

Gracias MARISA, ¡qué haría sin usted!!

En broma le dije: si esque tendría que contratarme como ayudante

Se quedó mirándome y no dijo nada. Pensé para mis adentros: pero ¿ por qué no te callaras la boca?

Termine mis labores y me dispuse a marcharme cuando me dijo: te gustaría trabajar con nosotros en la notaria?.

Mira que soy echada palante pero en ese momento notaba una barra de acero frío que me atravesaba la columna

Quite señor Ernesto: si justo sé escribir

Me dijo: NO tú sabes ordenar, trabajas duro y confío en ti.

Así comencé a trabajar como ayudante de notaría

¿Qué te parece Maria? Una ignorante como yo

Trabajando en una notaría nada más y nada menos??

Se la notaba muy orgullosa y no era para menos.

Es una historia preciosa MARISA y la cuentas fenomenal

Es que me encanta contar historias y comentar libros pero me da vergüenza hacerlo en público

De repente MARISA se arrugó en la silla y se hizo pequeñita. No me lo podía creer: ni el bicho había conseguido que yo la viera amedrentada y ahora veía su vulnerabilidad y su miedo.

MARISA ¿a tí te gustaría contar historias en público? Se puso roja y se revolvió en la silla

Quería escaparse pero la rete: MARISA, dime , ¿quieres contar historias en público? ¿Quieres contar tu historia?? Si Y ¿por qué no lo haces? ¿Qué te lo impide? Yo que sé, que soy muy ignorante, que no fui casi a la escuela que se pueden reír de mí, que igual se burlan de mi historia……

Casi se me caen las lagrimas al escucharla La montaña de determinación se convertía en arena ante mis ojos. MARISA, a que estás esperando para comerte la vida a bocaos? Me miró y se iluminó: es cierto, es mi momento, que más da si les gusta o no yo quiero hacerlo Pero ayúdame

Así centramos en esa primera sesión su proceso de COACHING: como hablar en público y disfrutar de ello. El bicho no apareció en todo el proceso porque no tenía lugar, porque no era su turno, porque era el momento en que MARISA hiciera realidad su sueño.

Debutó en un hogar de jubilados y la acogida fue magnífica. Fue emocionante verla y escucharla demostrando a todos que no quería que la vieran pequeña ni destruida y que pedía a gritos que la vieran como lo que siempre fue: una mujer cargada de vida que supo sin lugar a dudas aspirar hasta la ultima gota de oxígeno.

MARISA me enseñó a vivir y a morir.

En recuerdo a MARISA, licenciada superior medalla de honor en saber elegir vivir en lugar de esperar a morir.

 

Maria Olarte

(Fotografia: Jon Olarte)

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